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Templos de Chihuahua

Autor: Arq. Paulina Grajeda Castillo,
Institución: Misiones Coloniales de Chihuahua A.C.

Introducción.
La colonización española en el norte de México se dio de manera tardía respecto al resto del país durante la segunda mitad del siglo XVI conforme se fueron descubriendo las nuevas vetas de plata desde Zacatecas hasta Santa Bárbara,  se fue formando la nueva provincia de la Nueva Vizcaya, los nuevos yacimientos minerales  dieron pie a la fundación de los llamados Reales de Minas de población mayormente española, luego, para subsanar las necesidades de alimento de estos centros de población fueron creadas las haciendas de actividades agrícolas y ganaderas. Las poblaciones indígenas autóctonas opusieron gran resistencia a los colonizadores, quienes utilizaron dos medios de control, la evangelización por medio de la creación de pueblos de Misión, y la guerra para lo cual establecieron los llamados Presidios. En el caso de Chihuahua la obra misional quedo a cargo de las ordenes Franciscana y Jesuita.

Con el tiempo se crearon diversos asentamientos con población española y/o mestiza que construyeron templos a cargo del clero Diocesano.

                Es por lo anterior que para comprender y clasificar el patrimonio cultural que significan los templos y capillas del estado, es necesario dividirlos de acuerdo a su origen en las siguientes categorías;

                1.- Misiones Franciscanas.
Los misioneros franciscanos llegaron a México junto con Hernán Cortes  y comenzaron su actividad misional incluso antes de la caída de Tenochtitlán en 1521.

                Algunos años después, durante la segunda mitad del siglo XVI, llegaron junto con los conquistadores al actual norte del país, el primer gobernador de la Nueva Vizcaya, Francisco de Ibarra era gran simpatizante de esta orden por lo que les fue posible iniciar la fundación de varias misiones en esta región, comenzaron por Durango para luego extenderse a Chihuahua y Sonora, siendo los primeros en misionar en nuestro estado con la  fundación del Valle de San Bartolomé durante la segunda mitad del siglo XVI.

                Según las divisiones eclesiásticas de la época, las misiones creadas en la Nueva Vizcaya, quedaron incorporadas administrativamente a las provincias de San Francisco de Zacatecas y del Santo Evangelio de Nuevo México,  en el actual territorio del estado de Chihuahua, la primera llego a tener más de 40 sitios misionales y  la segunda alrededor de 20 ubicados principalmente a lo largo de la frontera con Texas y Coahuila. 

                Los Franciscanos se ocuparon de la evangelización especialmente de las tribus indígenas de los valles y desiertos del estado, entre los que podemos mencionar principalmente a los Tepehuanes y Conchos, dejando la sierra y los Tarahumaras en manos de los Jesuitas, aunque después de 1767 cuando estos fueron expulsados, se hicieron también cargo de algunas de sus misiones, un ejemplo es el de la misión de San Ángel Custodio en Satevó, Batopilas, la cual es de fundación jesuita pero el templo que existe actualmente en el lugar fue construido por los franciscanos.
Fuentes: Zacarías Márquez Terrazas, “Misiones de Chihuahua siglos XVII y XVIII”

2.- Misiones Jesuitas
En 1572 llegaron los primeros jesuitas a México y no fue sino hasta 1608 que el padre Juan Fonte comenzó a misionar en los actuales territorios de Chihuahua, fundando la primera misión jesuita: San Pablo de Tepehuanes, en lo que hoy es Balleza, debido a fuertes rebeliones tepehuanas y tarahumares la actividad misional en el estado se freno y no comenzó de nuevo hasta 1639 con la llegada de los padres José Pascual y Jerónimo de Figueroa el cual fundo la misión de San Felipe Apostol en el actual valle de Zaragoza, siendo hoy el templo de misión más antiguo existente, este sería el inicio y la cabecera del conjunto misional de la baja tarahumara.

De 1648 a 1652, predominaron las rebeliones tarahumaras, las cuales destruyeron la nueva misión del Papigochi y asolaron diversos asentamientos misionales y villas españolas, durante esta época, podemos mencionar como principales cabeceras de misión a San Pablo Balleza, San Felipe, San Francisco Javier de Satevó, San Jerónimo de Huejotitán y algunos otro sitios importantes como San Francisco de Borja, Santa Cruz de Tarahumares, San José Temeychi, entre otros.  Estas rebeliones, siendo la mas destructiva la encabezada por el famoso Teporaca, frenaron la avanzada jesuita al norte del estado, la cual no volvió a reanudarse hasta 20 años después, sin embargo las ya existentes se vieron fortalecidas.

En 1673 en una célebre asamblea realizada en Parral, el entonces gobernador de la Nueva Vizcaya; José García de Salcedo, se reunió con diversas personalidades eclesiásticas y gubernamentales, además de líderes indígenas y por supuesto algunos de los jesuitas que habitaban en la Misión de la Tarahumara, para discutir el nuevo desarrollo de esta.  Fue el P. Jerónimo de Figueroa el que para entonces contaba con 34 años de trabajo misional y era al momento el superior de dicha misión, quien explico en esta asamblea que la principal causa de las pasadas rebeliones tarahumaras que habían estancado la expansión territorial de los jesuitas, había sido precisamente el maltrato y abuso que daban los egoístas y codiciosos españoles a los indígenas tanto cristianizados como paganos y tomando mano de las mismas indicaciones del Rey de España a todas sus colonias de tratar con dignidad a los indígenas, pidió el apoyo para el nuevo desarrollo de las misiones jesuitas, la pacificación y evangelización de los indios. Al final los acuerdos tomados en esta reunión vinieron a desembocar en la exitosa colonización del resto del estado de Chihuahua.

El 1ero de noviembre de 1673 los padres Juan Manuel Gamboa y Fernando Barrionuevo partieron desde Parral hacia el norte para dar comienzo a la nueva expansión, sin embargo el invierno quebranto la salud de Barrionuevo  que fue destinado a la misión de Satevó y fue sustituido para esta tarea por el padre José Tardá que anduvo junto con Gamboa por algún tiempo, fundando por ejemplo la misión de San Bernabé que abarcaba las comunidades de Huichochi, Carichi y Cusihuiriachi, la cual no prospero mucho y se vino a ver diezmada por el descubrimiento de los yacimientos de oro en Cusihuiriachi que atrajeron a centenas de españoles. El padre Gamboa también cayó enfermo y fue reemplazado por Tomás Guadalajara,  que en conjunto con el P. Tardá formaron un equipo fuerte y dinámico para el desarrollo de las actividades apostólicas en los nuevos territorios, convirtiéndose a quienes debemos gran parte de la evangelización  de la región norte y oeste de la tarahumara, conocida como la Alta Tarahumara.

Hubo un tarahumara llamado Don Pablo, digno de mencionar en esta historia, ya que se anticipaba a los misioneros y lograba que pueblos tarahumaras lejanos estuvieran dispuestos a recibirlos. Tardá y Guadalajara (principalmente este último) crearon misiones en el Papigochi, Carichi, Tutuaca, Nonoava, Temechi, Matachi, que abarcaban otros varios pueblos. Esta expansión trajo la necesidad de que mas jesuitas apoyaran la creciente misión tarahumara, por lo que fueron enviados algunos nuevos.

En 1678 llega a la misión el mas celebre Padre de la Tarahumara, el alemán José Neumann, junto con el P.Ratkay que haría el primer mapa de las misiones tarahumaras, lamentablemente falleció 2 años después, Neumann que llego a Sisogichi,  tuvo 54 prósperos años de trabajo en la tarahumara. En 1697 estallo una nueva rebelión trayendo mucha destrucción a las misiones de la Alta Tarahumara,  la cual fue combatida por el  capitán José Fernández de Retana.

En los primeros años del siglo XVIII, España entro en la guerra de sucesión, viendo afectada su economía, por lo que pidió a todas sus colonias en el nuevo mundo que evitaran al máximo provocar a los indios a rebeliones,  por lo que se cambiaron varias estrategias, empezando porque ya no se perseguiría a los indios que desertaran de vivir en los pueblos de misión y quisieran regresar a vivir en las cuevas, además dejar el castigo de los desobedientes en manos de los gobernadores indios y no de los españoles, todo esto trajo mejor fortuna para las misiones y los misioneros, a los que los indios que huían a las cuevas seguían invitando a bautizarlos e incluso les construían templos y casas.

Para 1718 se fundó el Colegio Jesuita de Nuestra Señora de Loreto en la nueva ciudad de San Felipe el Real, actual Cd. Chihuahua. Aproximadamente durante la segunda década del siglo XVIII llegó a la misión de Carichí donde residía el ya veterano P. Neumann, otro famoso jesuita el P. Francisco Glandorff promotor de la misión de Tomochi, fueron muchos los milagros que se le atribuyeron, además de ganar fama de recorrer grandes distancias en tiempos inverosímiles.

En 1753, fueron secularizadas las misiones de la baja tarahumara.  En 1767 por diversas razones, intrigas, cuestiones políticas y sociales sucedías en Europa, el Rey Carlos III decidió que los Jesuitas serian expulsados de la Nueva España y  el resto de las colonias españolas en el nuevo mundo.  En cuestión de días los Padres fueron sacados de sus queridas misiones y colegios y enviados de regreso a España, muchos murieron antes de poder embarcar.

En general, los Jesuitas fundaron en el estado de Chihuahua casi 200 pueblos, de los cuales podemos aun hoy, encontrar aproximadamente 160 templos originados por su actividad misional.

Fuentes:  Peter Masten Dunne, S.J. “Las Antiguas Misiones de la Tarahumara” y Zacarías Márquez Terrazas,  Libro “Misiones de Chihuahua siglos XVII y XVIII”

 

3.- Reales de Minas
Históricamente la actividad minera ha sido pilar de la economía del estado. En 1546 se descubrió plata en Zacatecas, lo que desencadeno el poblamiento de la región norte del país, se encontraron algunas otras vetas de metales a lo largo de lo que hoy es el estado de Durango y hasta Santa Bárbara ya en el de Chihuahua, gracias a esto se creó la primera provincia norteña de la Nueva España: la Nueva Vizcaya.

Santa Bárbara fue el primer real de minas fundado por los españoles en territorio Chihuahuense, aproximadamente a finales de 1567, a partir de esto se continuo con las exploraciones en busca de metales preciosos y se siguieron creando poblaciones mineras, avanzado del sur al centro del estado durante el siglo XVII y los inicios del XVIII, entre las cuales podemos mencionar, San José del Parral, San Francisco del Oro, Santa Rosa de Lima de Cusihuiriachi, Santa Eulalia y la misma San Francisco de Cuellar, hoy Cd. Chihuahua, entre muchas otras, todas estas localidades llevaban antes de su nombre las palabras “Real de minas de”, indicando su origen minero.

Los Reales, se caracterizaron en su mayoría, por ser comunidades prósperas de rápido desarrollo, su arquitectura era reflejo de esto y se podían ver grandes casas y edificios, los templos no eran la excepción, solían ser de grandes dimensiones, muy bien construidos y ornamentados, además de estar repletos de obras de arte, un buen ejemplo es el de Santa Rosa de Lima en Cusihuiriachi, que hoy en día es el único testigo de la opulencia que existió en este lugar.

Fuentes: Peter Masten Dunne, S.J. Libro “Las Antiguas Misiones de la Tarahumara”,  Chantall Cramaussel Libro “La Provincia de Santa Bárbara 1563, 1631”

 

4.- Presidios.
Un presidio era una fortaleza militar, generalmente amurallada, que iba desde una modesta construcción de adobe para albergar a unos pocos soldados y caballos, hasta grandes complejos que incluían varios espacios con diversos usos, entre ellos un templo que podía ser de grandes dimensiones y se localizaba dentro de las murallas del presidio.

Los primeros presidios se fundaron para proteger los nuevos caminos por donde viajaban los colonizadores hacia nuevas tierras, esta estrategia lineal se dio desde el siglo XVI hasta principios del XVII.  Después y debido al incremento de las rebeliones indígenas y al progreso de las misiones, reales de mina y haciendas, estos se tuvieron que ir dispersando para dar protección a estos asentamientos cambiando la estrategia de apegarse a los caminos principales. Para finales del siglo XVIII se había conformado una serie de presidios que formaban una línea de defensa que abarcaba desde Florida siguiendo la costa sur de Estados Unidos  hasta el norte de los estados mexicanos de Nuevo León, Coahuila, Chihuahua y Sonora.

Entre los presidios del estado de Chihuahua podemos mencionar: Nuestra Señora del Pilar y San José del Paso del Norte, San Eleazario, El Principe o de los Pilares, Nuestra Señora de Belén o de El Norte, San Carlos Borromeo, San Felipe y Santiago de Janos, San Fernando de las Amarillas en el Carrizal, Ahumada, La Princesa, Nuestra Señora de Guadalupe de Conchos, San Miguel del Cerro Gordo, Nuestra Señora de las Caldas de Guajuquilla, entre otros.

El sistema presidial fue  sin duda  una de las herramientas fundamentales  para el control y combate de la resistencia india, permitiendo la colonización de los territorios de la Nueva España.

Actualmente son pocas las construcciones presídiales que sobrevivieron hasta nuestros días, su origen castrense provocó que fueran destruidas durante las rebeliones indígenas, otros sucumbieron ante el desuso y el abandono. De los pocos ejemplos que nos quedan, se encuentran el templo de San Felipe y Santiago de Janos y el de San Fernando de las Amarillas, ambos pertenecientes a los presidios del mismo nombre, el primero ubicado en la comunidad de Janos ha sufrido numerosas intervenciones por lo que apenas conserva aproximadamente el 40% de su estructura original y se encuentra en estado de abandono, el segundo ubicado en El Carrizal municipio de Ahumada, ha corrido con mejor suerte y se preserva aun en buenas condiciones.

Fuentes: Luis Arnal “El sistema presidial en el septentrion Novohispano, evolución y estrategias de poblamiento” Facultad de Arquitectura, UNAM” y  Zacarías Márquez Terrazas,  Libro “Misiones de Chihuahua siglos XVII y XVIII”

5.- Haciendas
Las necesidades de alimento y animales de las poblaciones mineras, originaron el desarrollo de las haciendas, siendo las primeras en crearse las ubicadas en la denominaba Provincia de Santa Bárbara al sur del estado, sobre el Valle de San Bartolomé.

Las primeras construcciones  eran modestas ya que no tenían que albergar a los trabajadores que solían ser indígenas locales, cuando esta mano de obra se volvió insuficiente, se empezaron a traer indios de diversos lugares como Nuevo México y las Provincias del Pacífico, además de esclavos negros y mulatos,  por lo que las haciendas se convirtieron en complejos que tenían que albergar a trabajadores forzados y voluntarios, así como a sus propietarios que solían ser ricos mineros que no deseaban vivir en los contaminados y saturados Reales.

Durante el siglo XVII el desarrollo hacendario en la zona sur del estado fue muy numerosa, ubicándose generalmente a los lados del Camino Real, después su creación siguió a la de los Reales durante la segunda mitad de dicho siglo y los inicios del XVIII, hacia el centro y norte del estado. Algunas haciendas de estos siglos son la de San Gregorio y Santa Cruz de Neira en el municipio de Allende del siglo XVII, San Francisco Javier en Villa Coronado y la de Talamantes también en Allende del siglo XVIII.

A principios del XVIII el Rey de España había creado la composición de títulos, lo que origino que las hacendados tuvieran que medir sus propiedades, lo que les facilito apropiarse de grandes cantidades de tierra que no necesariamente les pertenecían, esto fue un gran impulso para las nuevas haciendas en el centro del estado, sin embargo,  la poca población que existía en estos rumbos los convertía en lugares más peligrosos donde los ataques indígenas eran casi constantes, todas estas características provocaron que las construcciones hacendarias fueran más grandes y  protegidas que las antiguas del sur.

A finales del siglo XIX después del declive de las rebeliones apaches en el centro  y norte del estado, las haciendas tomaron un nuevo auge y sus dueños se atrevieron a invertir mucho mas en las construcciones que las conformaban, buen ejemplo de esto son las múltiples haciendas del Gral. Luis Terrazas, entre las que podemos mencionar la conocida Quinta Carolina, la del Torreón y la de El Sauz en el municipio de Chihuahua, así como San Diego en Casas Grandes, construidas a finales del siglo XIX y principios del XX.

La mayoría de las haciendas poseían capillas de uso privado, generalmente son de planta rectangular  y pueden ir  desde muy pequeñas a  grandes, esto dependiendo de las situaciones y características antes descritas. Las podemos encontrar a lo largo y ancho del estado más comúnmente en la zona de los valles donde las haciendas fueron más exitosas, algunas permanecen como propiedad privada hasta la actualidad y otras son hoy en día los templos de las comunidades que se crearon en el lugar y las únicas construcciones sobrevivientes de su hacienda madre.
Algunos ejemplos de templos de hacienda que podemos visitar hoy en día, son el de San Miguel Arcángel del siglo XVIII en la comunidad de San Miguel de los Anchondo y el de la Virgen del Refugio del siglo XIX en la de Rancho de Peña, ambas en el municipio de Santa Isabel, también está el templo de San Carlos Borromeo del siglo XX en la Quinta Carolina en Cd. Chihuahua, entre muchos otros.

Fuentes: Libro “El Encanto de otros tiempos, Haciendas de Chihuahua” editado por Grupo Cementos de Chihuahua en el 2007, y archivos de Misiones Coloniales de Chihuahua A.C.

 6.- Templos Diocesanos
                Dentro de esta categoría, colocamos todos aquellos templos que fueron creados por y para el clero diocesano o secular, en templos de la colonia eran aquellos localizados en las villas españolas que no tenían orígenes de mina o hacienda, que aunque en ocasiones pudieran estar atendidas por misioneros, formaban parte de las Parroquias del clero diocesano. Podemos mencionar por ejemplo el templo de San Bartolomé en el Valle de Allende, el templo de Santa Isabel en la comunidad del mismo nombre, que aunque en origen fue una misión, el templo de esta fue destruido y el actual fue construido hasta el siglo XIX por el clero secular, el de La Natividad de Bachíniva que tiene el mismo caso que el de Santa Isabel, entre muchos otros creados en las comunidades españolas y mestizas generalmente a partir del siglo XIX.

7.- Templos no católicos.
Existen algunos templos originados por religiones protestantes y mormonas, que tienen sus actividades en el estado desde el siglo XIX. Siendo algunos de estos templos de gran valor arquitectónico y  artístico, por lo tanto merecedores de formar parte de este mapa.

Características arquitectónicas generales de los templos antes mencionados:

 Generalmente están construidos con muros de adobe, piedra o ladrillo, con cimientos de piedra y aplanados de tierra y/o cal y arena al interior y exterior, aunque existen también los que no contaban con ningún tipo de recubrimiento, solían estar ornamentados con elementos de cantera o piedra. Las formas de la planta arquitectónica varían entre los de planta rectangular, basilical y los de cruz latina, con algunas variaciones en cuanto a la forma del ábside. Como es necesario para la estabilidad de las grandes construcciones de mampostería, la cubierta es pesada, pudiendo ser de viguería de madera y terrado; y/o bóvedas y cúpulas de piedra o ladrillo.

                Los pisos podían ser de tierra compactada, de barro crudo, barro cocido o madera. Se distinguen por poseer elementos de carpintería bien trabajada como puertas, ventanas, escaleras, mobiliario, entablados y coros muy elaborados, que podían tener pintura decorativa con motivos orgánicos, religiosos, imitaciones de piedras, indígenas o geométricos, esta tipo de decoración podía verse también en elementos de cantera y los muros.

                Los misioneros solían tener amplios conocimientos de arquitectura y de construcción por lo que podían enseñar a los indígenas a construir todos los edificios necesarios para la misión, además había constructores especializados que desarrollaban los templos ubicados en los asentamientos españoles de mayor tamaño.  Se encuentran (principalmente los de misión) orientados hacia el este, apuntando rumbo a Jerusalén y la salida del sol.  Son varios los estilos arquitectónicos que se pueden distinguir en este tan vasto patrimonio, destacando el barroco y el neoclásico.

Además, los templos poseen un rico patrimonio en obra de arte, como pinturas de caballete, pintura mural, pintura decorativa en madera, esculturas, retablos, muebles, objetos litúrgicos, etc;  significando por todo esto una herencia artística, arquitectónica e histórica invaluable.

                Actualmente, podemos encontrar que algunos están ruinas, otros han sufrido severas alteraciones a sus estructuras originales, otros se encuentran simplemente en el abandono, mientras que algunos han tenido la suerte de ser restaurados por instituciones capacitadas para tal efecto, o de simplemente encontrarse en buenas condiciones gracias al adecuado mantenimiento de sus usuarios.

 


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